miércoles, abril 13, 2005

Paz

Las ocho veinte, y yo que tengo que tomar el próximo autobús, todos
los días un nuevo autobús que es cada día el mismo, como si llegar a
destinos diferentes fuera suficiente para hacer cada día igual al
anterior y al siguiente. Hoy toca encontrarme con un anciano del
barrio antiguo y convencerle de que venda esa tierra por la que ha
trabajado toda su vida, por el bien de la comunidad.

Tarde ya, tarde para mi, tarde para el chavo estudiante con el que nos
relevamos para mirar el reloj, el pierde el tiempo inevitable en un
libro de derecho procesal, yo en los planos del catastro. Tarde para
el ama de casa, que atisba nerviosa a su muñeca y después a su bolso,
remueve una serie de papeles doblados en donde se adivina el verde de
los recibos de electricidad, el azul de los de teléfono y el blanco
oneroso de los de gas, 15% más caro que el mes pasado, y después
arruga aún más un puñado de billetes arrugados dentro de su monedero.

Solo ella no trae reloj.

Que maravilla, no traer reloj y poder decir que el tiempo no importa,
su fuera yo, ya estaría preguntando al estudiante y la señora, con
ademán de complicidad "¡Como tardan!". En cambio ella, al ser ella y
no ser yo, no se preocupa y se entretiene con calma en su lectura,
podría ser estudiante pero ya no tiene el aire ni los años, y que
bueno porque mal me vería yo, todo un licenciado, entablando
conversación con una jovencita. Pero por otro lado me quita todo tema.
Si ella mirase nerviosa a su reloj podría mirarle de reojo y usar el
"¡Como tardan!", si su libro la hiciera fruncir el ceño pensaría que
es el de derecho procesal y le diría "¿Procesal verdad? ¿Con el doctor
Mendieta?", o si revisara el recibo del gas aventuraría un "¡Que
barbaridad con estos precios!".

Pero no tengo una sola frase para ella, y ella tan tranquila con su
libro, sin levantar la mirada para maldita la cosa.

La avenida que parece un rio enorme no tiene ni demasiado ni muy poco
tráfico, el día no es ni muy frío ni muy cálido, ni siquiera es lindo,
es solo un día normal, y bien extraño que me vería yo diciendo "Que
día tan normal... ¿Verdad?". Queriendo acudir a un ultimo recurso
analizo su indumentaria y no encuentro más que todo lo adecuado y en
su lugar, nada acerca de lo cual hacerle un buen comentario, pero
recapacito, como le voy a decir a una chica "Que lindos aretes...",
pensaría que soy un rarito, o que quiero comprar unos similares para
una novia hipotética.

Tal ves simplemente deba sentarme junto a ella, esperar a que levante
la mirada y decirle "Hola, soy Justo Garza, y si el autobús sigue
tardando, ya no seré Justo a tiempo". ¡No por favor! Esos comentarios
son los que hacen que la gente me mire con las cejas apenas levantadas
y una sonrisa forzada el los labios que parece decir "Yo con mis
preocupaciones y este bobo quiere hacerla de cómico". Y el autobús en
verdad que no llega.

No vale la pena ver de nuevo el reloj, el tiempo pasa y con ponerme
más nervioso no llegaré más pronto a mi cita de las nueve. De todos
modos el viejo no se moverá de ahí, ni su terreno justo en medio del
plan para hacer el nuevo distribuidor vial. Tal vez debería mejor
pensar en pedir un jugo de naranja en la frutería de la esquina y
decidirme a pagar un taxi. Finalmente me lo puedo permitir,
pero entonces nunca sabría que dirección ha tomado la chica, ni en que
parada hace la bajada.

¿Y de saberlo que?

Vendría el día de mañana a la misma hora, un día si y otro no, así
podríamos ser parte de un ritual habitual, en un par de semanas ya
podríamos saludarnos casualmente con un "buenos días". Entonces yo
vendría una semana a las ocho en punto o a las ocho cuarenta, así ella
me echaría en falta y al volver preguntaría "¿Y donde te habías
metido?". O no diría nada.

Y finalmente se atisba uno en la distancia, de color verde y blanco,
todos fruncimos el ceño para ver si es el que esperamos, aunque esta
parada no ofrece muchas opciones, son solo dos rutas las que pasan, y
el otro va de amarillo y negro.

El estudiante nos gana, bendita juventud, aún a pesar de que lleva
unos ocho kilos de libros está en la escalera de un salto y paga la
tarifa con un billete, así que le cedo el paso a la señora, que revisa
por una ultima vez la cartera, los recibos, y un monedero de donde saca
la tarifa exacta en monedas de un peso, cincuenta y veinte centavos.
Luego que suba la chica, que soy un rufián pero no dejo de ser un
caballero.

Y ¡Gracias! Hay solo dos asientos libres, contiguos...
-¿Prefiere ventanilla?-
-No, tómela, adelante, prefiero el pasillo, es más sencillo estirar las piernas-
-Si, ya en la parada me di cuenta que no eres precisamente bajito-
-NI precisamente paciente. ¿Como ha tardado verdad?
-Supongo, como no llevo reloj ni me he dado cuenta. ¿Que hora es?-
-Las ocho veintisiete-
-Mire, si es tarde... por cierto, me llamo Paz-
- Mucho gusto, yo soy Justo-
(Claro, él idiota tenía que hacer verso sin esfuerzo, treinta años con
este nombre encima y sigo haciendolo)
-¡Ja! Y si se tardaba un poco más el bús, ¡Usted ya no sería Justo a tiempo!

Mira que es lindo reír sin prisa ya, y eso que hasta ahora solo llevo
siete minutos de Paz.

6 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

A estas horas, y después de tanto... simplemente hermoso! ya sabes.

13/4/05 03:08  
Blogger Cloé Sole dijo...

jajjajaj me ha encantado.. con mi sorbete de mango por la mañana y me pregunto.. ya te bañaste y ya andas musiqueando o andas justo en la parada del bus con paz?

saludos.

13/4/05 09:31  
Blogger ARACELI G.P. dijo...

Me encantó este nuevo cuento... amigo tú si que tienes creatividad, es eso envidiable, pero no te preocupes es envidia de la buena, pura buena vibra para ti!

13/4/05 09:41  
Blogger Virginio Urbina dijo...

uff! qué deleite, en serio... me ha gustado mucho este cuento, y también el de los cuervos blancos, es usted un maestrazo... ja'h. saludos.

13/4/05 19:32  
Blogger Piltrafilla dijo...

Yo quiero encontrar a esa chica llamada Paz...platicar con ella y ser su amiga...
Con Prudencia me enoje hace unos días y entonces tuve que llamar a chole!!...ella siempre está cuando la necesitas, pero es tan necia como yo y chocamos mucho... definitivamente Paz me llama, nesecito a Paz como mi amiga...
Algún tip?
Saludos

15/4/05 06:59  
Anonymous Celia dijo...

Mmmm…deben ser las ocho y diez. Es increíble nuestra capacidad de aprehender el tiempo cuando el único referente con que se cuenta es el cielo y una extraña, interna y onírica sensación de su transcurso. Abandoné el reloj hace unos años, un buen día se detuvo a las cinco menos cuarto y decidí que ya nunca le iba a cambiar la pila. Desde entonces, reposa en una caja de seda malva y yo me oriento con un aprendido concepto de la duración esperable de los acontecimientos y con el brillo del cielo. Jamás he llegado tarde por su ausencia, aunque reconozco que nunca me he sentido tan desorientada como en París, cuyo techo nebuloso siempre es gris y cubre a la ciudad con una perenne luminosidad insulsa y constante.

¡Vaya, todavía no ha llegado!

Ni el autobús, ni él.

Todos los días la misma historia, las mismas caras. En este maldito barrio acabas conociéndote aún sin quererlo. Una sale de casa con un breve café en el cuerpo y el firme propósito de que algo sea diferente, y empieza el día en la misma parada de autobús con las mismas personas que, religiosamente, acuden a sus quehaceres de lunes a viernes. Ese mismo estudiante de derecho que llevo viendo todo el curso balbucear leyes aprendidas la noche anterior (supongo) y que al alba repite incesantemente dejándome una sensación de desfase al recordar mis tiempos de facultad. Esa misma ama de casa que mira y remira todas las facturas todos los días y se dirige a la misma hora a su mismo banco en la calle Almiraz a dejar todo en regla con el señor de la ventanilla. Y yo, que entro a las nueve al conservatorio a dar clases de piano a un puñado de mocosos. Aunque hoy auguro novedades. Mi jefe de estudios ha firmado un contrato con una productora y quiere que sea yo la que figure. Es un papel secundario, tan sólo he de tocar, ni siquiera una palabra….eso me gusta. Creo que es una película de intriga, hoy me da el guión. Ya estoy nerviosa.

¡Y el autobús sigue sin venir!.... Leeré a ver si me tranquilizo.

Llegó. No el autobús, sino él. No lo sabe, pero llevo una semana observándolo. Anda siempre con bártulos que imagino deben ser planos. Quizás sea arquitecto, no tiene pinta de ser estudiante. ¡Maldita sea, Paz, relájate! ¿Cómo puedes alterarte tanto por un desconocido? Haz honor a tu nombre y a tus costumbres y sigue leyendo con parsimonia.

¡No es justo! ¡no es justo que mire en derredor a diario y no me vea! ¿tan invisible soy? Juro que un día de estos le digo algo, ¡pero qué digo!, …si soy incapaz. Ya me veo haciéndole alguna pregunta estúpida del tipo: “¿tienes hora?, es que llego un poco tarde”. Seré tonta. Si me viese, quizás se acercaría y me preguntaría: -¿”La poética del espacio”?, leí a Bachelard hace años, en la carrera, lo descubrí por casualidad. Me encantó.

Vaya, parece que se atisba un bus, mmmmm, verde y blanco. Voilà!, el mío.

Me ha dejado pasar, qué gentil. Ya conozco su voz. Y sólo hay dos asientos libres, contiguos….Le preguntaré si prefiere ventanilla.

- No, tómela, adelante, prefiero el pasillo, es más sencillo estirar las piernas.
- Si, ya en la parada me dí cuenta que no es precisamente bajito
- Ni precisamente paciente. ¿Como ha tardado verdad?
- Supongo, como no llevo reloj ni me he dado cuenta. ¿Que hora es?
- Las ocho veintisiete
- ¡Vaya!, sí que es tarde... por cierto, me llamo Paz.
- Mucho gusto, yo soy Justo.
- ¡Ja! Si hubiese tardado un poco más el bus, ¡Usted ya no sería Justo a tiempo!

(Menos mal que se ha reído, a punto he estado de decirle que ¡Justo llevo siete minutos necesitando que me hablase!)

24/4/05 23:23  

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