sábado, abril 08, 2006

Sastrecillo

Parece que a cada paso que doy mi pasado da dos, para ponerse siempre frente a mi, en la parada de camión me reconozco apoyándome en el poste del mismo modo que hace quince años, canas más, kilos menos. Pero sigo siendo yo bajo la lluvia con los ojos empañados por dentro, y el paso firme de quien no sabe adonde va pero quiere llegar pronto. Mi padre me enseñó a caminar así, durante una época traté de que mis pasos fueran tan largos como los suyos, hasta que el tiempo logró que fueran más largos por simple crecimiento adolescente, no tardé en darme cuenta que de todos modos nunca le alcanzaría porque el ya había caminado mucho más que yo, y por otras veredas.

Así me encuentro hoy, con mi historia pequeñita e incómoda caminando por la interminable subida que me lleva al museo. El camión que esperé por cinco eternos minutos me dejaría ahí en menos tiempo, pero la impaciencia me gana y sigo caminando, a sabiendas de que en cuanto voltee pasará y recogerá pasajeros un poco más holgazanes que yo, o más pacientes.

No sé porqué digo que mi historia es pequeñita, si me ha tomado toda la vida írmela formando, llena de decisiones poco inteligentes y afortunadísimas casualidades, esas casualidades en las que juro no creer y sin embargo se suceden con ánimo de corregir mi incredulidad. Con ella a cuestas me protejo a veces de lo que está por venir pensando neciamente “No estoy listo, no me ha preparado la vida para esto”. Pero eso no le importa a la vida, ni a la mía ni a la de nadie más. Solo importa lo que va a pasar hoy y que con el simple esfuerzo de salir de casa esta mañana me dispongo a que suceda, lo que elijo y lo que simplemente pasa, da igual.

Porque no importa mi historia, es como aquella trama del cuento, donde el pastorcillo, el sastre, el simple grumete o lo que sea, se enfrenta al gigante, al dragón o a la tempestad y no se le ofrece la oportunidad de volver a la universidad a estudiar un curso intensivo (“Combate dracónico”, “Gigantes y otras especies megamórficas”, “Navegación de galeones sin instrumentos”). Simplemente está ahí y tiene que vérselas con lo que el destino le depare.

A veces preferiría al dragón, es más romántico haber vencido al terrible monstruo de fauces flameantes, aunque de los que mueren en el intento nadie cuenta la historia.

Pero siempre hay un tesoro, el chiste está en saberlo encontrar.

Yo espero encontrarte a ti, no al dragón, y que no te importe mi historia sino la que podemos escribir juntos.

4 Comentarios:

Blogger Dharma dijo...

Pobre el dragón, al saber que lo dejaste de lado...

¿Ahora "historia pequeñita e incómoda"? Siempre pensé que las historias se hacían a medida.

8/4/06 18:37  
Blogger Pat Rizia dijo...

me gusta mucho cómo piensas tu vida, yo ambién me la he pasado intentano ajustar el paso a otros pasos y jurando que no creía en casualidades, mientras ellas me caían en la cabeza como chuzos de punta, para fastidiar. Un beso.

9/4/06 08:02  
Blogger Monica Morales dijo...

"A veces preferiría al dragón, es más romántico haber vencido al terrible monstruo de fauces flameantes, aunque de los que mueren en el intento nadie cuenta la historia."

...me ha gustado bastante este post. El párrafo que arriba cito me parece encantador!... ¿Cómo será la vida (o cómo es que la vemos) que a veces todas las calamidades y monstruosidades nos parecen nada al lado del dolor que estamos viviendo?...

Ah, y me hizo recordar a mi papá... él también camina a grandes pasos, de niña siempre tenía que correr para alcanzarlo, para no quedarme atrás... Efectivamente, también él me lleva ventaja.

Como siempre, un gusto leerlo.

Saludos
Mony

10/4/06 20:19  
Blogger Catastrofismos... y no tanto dijo...

Las coincidencias... causalidades...(tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio...y coincidir). Me gusta pensar que son pequeños milagritos que nos enseñan que no debemos dejar de creer.

19/4/06 05:14  

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